Review
Un restaurador comparte su experiencia con un portón de roble restaurado con técnicas tradicionales.
“Encargué la restauración de un portón de roble macizo de 1860. Tras un mes de uso diario, el ensamble caja y espiga se mantiene firme, sin crujidos. La talla de las guirnaldas recuperó su definición original. El aceite de linaza aplicado en tres capas dejó un acabado mate que resalta la veta sin brillos artificiales.”
Jorge Martínez
Restaurador de mobiliario histórico, Madrid
El portón pertenece a un palacete del barrio de Salamanca. Se desmontó, se sustituyeron dos tablas dañadas por nogal de la misma densidad, y se rehicieron las espigas con cola animal. El cliente pidió mantener la pátina original. El resultado, tras un mes, muestra estabilidad estructural y un color uniforme sin resecamiento.